EL Nuevo Tiempo

Nadie se esperaba esta situación,

inesperada, novedosa e incierta.

No sabemos por qué ni como.

Pero si sabemos lo que acontece: 

mucho dolor humano,

mucha incertidumbre

y demasiado miedo.

Nadie se esperaba esta situación,

inesperada, novedosa e incierta.

No sabemos por qué ni como.

Pero si sabemos lo que acontece: 

mucho dolor humano,

mucha incertidumbre

y demasiado miedo.

También sabemos, a primera vista,

a quién beneficia.

La naturaleza está exultante,

recuperando su espacio,

regenerando su esencia.

Y los animales,

asombrados y sorprendidos,

comienzan a recuperar confianza,

extrañados del recogimiento humano.

También sabemos, a primera vista,

a quién beneficia.

La naturaleza está exultante,

recuperando su espacio,

regenerando su esencia.

Y los animales,

asombrados y sorprendidos,

comienzan a recuperar confianza,

extrañados del recogimiento humano.

Tampoco sabemos qué ocurrirá,

que escenario nos encontraremos,

un marco desesperanzadamente apropiado 

para disparar conjeturas, incertidumbres,

miedos e inseguridades.

Sentimos de manera desigual como,

aquello a lo que estábamos acostumbrados,

comienza a diluirse,

y nos persigue la impresión

de quedarnos atrapados en el pasado,

en cómo eran las cosas,

en lo acomodado de nuestra existencia.

Una atmósfera desgraciadamente apropiada

para que, por un resquicio, el sufrimiento

asome

Sentimos de manera desigual como,

aquello a lo que estábamos acostumbrados,

comienza a diluirse,

y nos persigue la impresión

de quedarnos atrapados en el pasado,

en cómo eran las cosas,

en lo acomodado de nuestra existencia.

Una atmósfera desgraciadamente apropiada

para que, por un resquicio, el sufrimiento asome

Tantas veces, hemos fantaseado

con otro mundo posible,


desde el confort asumido


y las necesidades básicas cubiertas,

que ahora, en el precipicio,

el vértigo nos perturba.

Tantas veces, hemos fantaseado

con otro mundo posible,


desde el confort asumido


y las necesidades básicas cubiertas,

que ahora, en el precipicio,

el vértigo nos perturba.

Estamos inmersos en esta experiencia

individual y colectiva,

como seres vivos y como parte del planeta.

El confinamiento forzado,

nos hace experimentar sensaciones

contrapuestas.

Especialmente nos enfrenta sin anestesia


a nuestra realidad inmediata

,
a encontrarnos a nosotros mismos,


con lo que somos, a piel descubierta.

Y mientras desde fuera se esfuerzan,


no sin mala fé,


por entretenernos con esparcimiento,

como para escapar de nuestra realidad,

interiormente brota de nuestras entrañas,

un cúmulo de sentimientos, sensaciones,

emociones e intuiciones

que no conviene eludir.

Es la oportunidad para encontrarnos,

sentirnos, desnudarnos, escucharnos,

reconectarnos.

Es el momento para apagar el ruido externo

y conectar con lo esencial,

con lo que soy, con lo que siento,

con lo que me conviene,

me va bien y me nutre

o me va mal y me desgasta,

y valorar lo que he creado, mi realidad

Es un tiempo para instalar el modo avión.

Pero no para separarnos o aislarnos,

más al contrario, para reconocernos y,

recuperar encuentros: los esenciales, 

abrazos: los sustanciales,

besos: los ausentes

y el cariño, por tanto tiempo anhelado

Es un tiempo para instalar el modo avión.

Pero no para separarnos o aislarnos,


más al contrario, para reconocernos y,

recuperar encuentros: los esenciales,

abrazos: los sustanciales,

besos: los ausentes

y el cariño, por tanto tiempo anhelado.

Desde el corazón, desde el alma, piel con piel.

Empezando por los abrazos, encuentros,

besos y cariño que nos hemos rehuido,

durante demasiado tiempo, a nosotros

mismos

Un tiempo nuevo está por venir

y conviene que nos encuentre

desnudos de corazas

y ávidos de vida.

Es el tiempo de ocuparnos de lo esencial,

recuperar el autoaprecio,

desempolvar habilidades y capacidades,

tanto tiempo escamoteadas

por urgencias sin sentido.

Es el tiempo de mirar a los ojos

de agradecer y de acompañar,

de sumar y no de dividir,

de cooperar en vez de competir.

Es el tiempo de mirar a los ojos

de agradecer y de acompañar,

de sumar y no de dividir,

de cooperar en vez de competir.

Es el tiempo de aprovechar esta coyuntura,
más que como una maldición,
como una oportunidad
para recuperar el contacto
con nuestro ser esencial,
simplemente lo que somos,
con nuestro atributos y
nuestras disonancias.

Un tiempo nuevo está por venir


y sería bueno que cuando llegue,

podamos ofrecerle nuestra mejor versión,

nuestras mejores vestimentas,


nuestro ingente potencial,


tantas veces cercenado y adormecido.

Un tiempo nuevo está por venir

y empieza a sembrarse desde hoy.

y es nuestra responsabilidad,

aparcar la viralidad externa y

salir más fortalecidos, 

más creativos, más cercanos

más humanos y especialmente,

más empáticos y solidarios

con la naturaleza y el planeta

Un tiempo nuevo está por venir


y empieza a sembrarse desde hoy,

y es nuestra responsabilidad,

aparcar la viralidad externa y

salir más fortalecidos,


más creativos, más cercanos


más humanos, y especialmente,

más empáticos y solidarios


con la naturaleza y el planeta.

Diego Delgado

9.04.20


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