Emociones y enfermedad

Dentro del Universo el ser humano no está aislado, somos una parte más del propio Universo, del todo, del infinito, al igual que una planta, un leopardo o un alga marina. Así si entendemos que no estamos desconectados del Universo, el cual es una red que nos une y no que nos separa, también podemos entender que nuestro cuerpo es un símil de ese gran Universo, pero reducido. Por lo que nuestras células y la partícula más pequeña que pudiera existir en el cuerpo forman parte de una totalidad que es el organismo humano.

Y de la misma forma que cada uno tiene un papel dentro de ese cosmos y que la más ínfima acción tiene una repercusión en ese todo, en nuestro cuerpo ocurre igual.

Si entendemos que nuestro cuerpo es un Universo, en el cual el proceso fisiológico funciona sin necesidad de nuestro pensamiento ni control, donde nuestras células llevan impresas una serie de estímulos y pautas, las cuales tampoco controlamos; entonces, podremos intuir que hay comportamientos innatos.

Las células son el resultado de años y años de evolución, llevan tanto nuestra carga genética como un montón de información más que es muy difícil de descifrar: temores. gustos, comportamientos... Por ello, somos el producto de miles de años de evolución y en nuestro interior están integradas las vivencias

Al ser parte de la totalidad sin saberlo, nuestro cuerpo realiza un diálogo externo con el entorno sobre lo que nos afecta.

EMOCIONES-ENFERMEDAD

Si tenemos un accidente el cuerpo actúa sin pensarlo, el cuerpo ha aprendido a hacer algo como reacción de supervivencia, es como si el cuerpo nos fuerza a hacer algo para buscar una solución.

Aunque tendemos a pensar que las vivencias, los sentimientos no afectan al cuerpo, que hay una separación entre lo que nos sucede en el transcurso de nuestra vida y la enfermedad o la salud; en realidad, todos sabemos que si alguien pasa por un cuadro de depresión estará con la espalda curvada hacia dentro, el pecho hundido, la mirada hacia el suelo o arrastrará los pies al andar; de la misma forma que una preocupación puede causar una úlcera de estómago.

Sin darnos cuenta el cuerpo ha ido creando una forma de responder ante lo que nos pasa internamente. Sin embargo, preferimos pensar: - no tiene que ver conmigo. Pero, en realidad, ¿qué nos está pasando?

Cuando estás metido en el ajo, en una situación hasta el cuello, es difícil ver y sentirte responsable de lo que ocurre. La responsabilidad tiene un peso y por eso es preferible echarle la culpa a otro o escapar en vez de buscar la causa.

Te duele el hombro y no es tu responsabilidad no sabes por qué sucede, pero si no es tu responsabilidad, ¿de quién es? ¿y por qué?. Como una roca que tiene un agujero por una gota que ha ido cayendo, si no haces nada para evitarlo al final se formará el agujero.

Todo está relacionado, conectado, todas las palabras y los pensamientos, lo que decimos, lo que pensamos e incluso lo que secretamente deseamos. Todo ello forma nuestra condición interna, los anhelos o los sinsabores; las ilusiones cumplidas o los fracasos; la mirada con afecto o el desprecio silencioso; de tal forma, que todo este proceso va creando una marca, un sustrato del que penden las futuras decisiones así como las presentes sensaciones que condicionarán nuestros pasos.

De la misma forma, cuando te orientas hacia algo creas una intención, si dices amor, la palabra refleja algo bueno y tiendes a crearlo, de la misma manera que si dices no puedo, no soy capaz, envías mensajes en ese sentido y el efecto que causa te va afectando y luego se va extendiendo alrededor.

Así que podríamos decir que el cuerpo nos habla y reacciona ante lo que nos afecta, no hay un dolor o una molestia externa que lo aparte de lo que nos está ocurriendo internamente.

Ese diálogo permanente y continuo entre absolutamente todo nuestro organismo, desde el pelo más remoto hasta la célula más ínfima, acontece permanentemente y nos habla.

Resulta imprescindible que aprendamos:

  • a entender los mensajes del cuerpo

  • a comprender lo que hay detrás de cada caída, dolor o fortaleza

  • a saber que necesito aprender de cada hecho

  • a salirnos de la pelea contra el síntoma

  • a responsabilizarnos y dejar de buscar culpas fuera

  • a crear unicidad, entereza y claridad

para, con todo ello, recuperar nuestra salud y vitalidad.